Del uranio y otras sustancias
La exposición se presentó de mayo a junio de 2001, en Galería Botello – Hato Rey, San Juan, Puerto Rico.
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Del uranio y otras sustancias
Pinturas de Cecilio Colón Guzmán
Galería Botello, Hato Rey, PR
17 de mayo al 16 de junio de 2001
Al mirar una obra de Cecilio Colón, lo primero que se nota es la calidad técnica expresada en la terminación de las superficies. Podemos, entonces, decir que en estas 20 obras de pequeño formato, Cecilio Colón logra también la unidad conceptual de una gran diversidad de elementos pictóricos, especialmente, la textura y el color, que dan paso a una temática ambiental, socio-política y personal. Desde el impasto, los rayazos y el movimiento dinámico de los elementos formales, podemos construir distintos mapas y paisajes de nuestra flora y fauna tanto natural como social. Siluetas como metonimias de lo nacional, metamorfosis como metáforas de nuestra prisa contemporánea, formas que refieren o aluden a la vida micro-orgánica, a la etapa larval, o pre-fetal, se entrelazan a otras imágenes de banderas, máscaras y barcos en un contexto que sentimos, irónicamente, como el espacio del carnaval, del desfile y de la música caribeña. En el arte —específicamente: en nuestro arte— hasta las imágenes de la muerte están vivas. Todo se hace vida.
Cecilio Colón es un artista arriesgado en lo que se clasifica como «arte abstracto». Aquí podemos ver algo de Olga Albizu combinado con un Carlos Raquel Rivera abstractísimo, como antes, en pinturas de formato más grande, podemos apreciar una combinación de Pollock y Rafael Rivera García. No importa si estos diálogos o influencias sean inconscientes o por casualidad, lo que sí importa es que los entrecruces e intercepciones son inevitables. No obstante, lo que hace la diferencia es la digestión que hace el artista de estos elementos formales/temáticos desde un nuevo momento, una nueva urgencia, como aquel que pasa por el mundo haciendo el esfuerzo de la labor creativa y todo lo que ésta exige para que el mundo pase por el artista y su subjetividad, que es, en última instancia, lo real concreto en cada individuo colectivo.
Elizam Escobar
27 abril 2001
Sobre “Del uranio y otras sustancias”
¿De qué color es la furia? ¿Cómo se pinta el choque de lo mejor de nuestro ser con la irracionalidad y la contumacia ignorante que puede ser tan increíble barrera a la justicia? Las pinturas presentadas a nosotros por Cecilio Colón en esta muestra sabiamente titulada Del uranio y otras sustancias, encuentran una respuesta a éstas y otras preguntas que enfrentamos y que nos enfrentan ante la situación de Vieques. En las obras aquí presentadas «la abstracción se hace muy concreta» insertándose en la formalidad con sentido que nos han legado artistas nuestros como Carlos Collazo y los maestros Kandinsky y Malevich, ruso y ucraniano respectivamente. Nada que ver con la abstracción como discurso inocuo promovido por la CIA en los años de la «guerra fría».
Cada obra aquí presentada merece nuestra contemplación. Y digo contemplación porque es una disciplina tan poco practicada en la actualidad que requiere que reiteremos lo que debiera ser evidente. Sólo con la observación paciente y consciente del arte, nos beneficiaremos de la oportunidad que nos ofrecen los artistas para realmente ver y entender claramente imágenes que nos son comunes y que sólo perturban a aquel que las niega y se deja manejar por ellas.
Una de las herramientas de dominación que más están afectando nuestra capacidad de observar con consciencia, es el encuadre conveniente de la imagen televisiva. Sin embargo, hay imágenes queridas que desenmascaran las manipulaciones más sofisticadas. Con un formato parecido al de una pantalla de televisión, pinturas como «El Arresto», «Se lo llevan» o «De dos en dos» entre otras, percibimos todo lo contrario a las imágenes en movimiento que nos presenta ese objeto tan cotidiano. En ellas la emoción y el dolor se agitan. La mentira es desenmascarada y nos graban en la mente personajes extraños. Vemos fantasmas que levitan; águilas en picada; enmascarados y amenazados construyéndose desde un magma plástico que no intenta negar, por apocalíptico que sea el resultado, el placer de la creación. En «Rubito de Vieques», como si fuera un personaje de Shakespeare, el artista ve aparecer inesperadamente al padre muerto. Esta imagen explora la duda que todos debiéramos dejar aflorar en nuestra mente y que es representada en la obra «¿Y acá en el Yunque?». ¿Quién nos explica la epidemia de cáncer y diabetes, entre otras enfermedades que vivimos en la isla grande? El artista norteamericano Ellsworth Kelly intentó emular a Malevich en su camino plástico, logrando magníficas abstracciones, pero su cuadrado negro junto al del ucraniano parece una mala fotocopia. Para los artistas puertorriqueños como Cecilio Colón, la abstracción dista mucho de ser vacía y superficial. Como buen amante de la naturaleza, marino y buzo en la realidad, su práctica plástica refleja metafóricamente esa conversación con las profundidades del agua. Si observamos con cuidado veremos en obras como «Zonas prohibidas», tinglares y manatíes míticos, celajes de ánimas-peces, otros ejemplos de fauna marina en ocasiones descuartizada y almas mutantes en un océano arquetípico. En varias de las pinturas veremos aparecer un embudo. Lo sugiero como puerta de entrada desde este mundo, al que nos muestra generosamente el artista.
Todos los pintores somos herederos de una tradición milenaria. El Greco ponía junto a su firma «he revelado». La pintura por ilusionista que sea, algo que no es el caso de la abstracción de Cecilio Colón, no busca mentir como finalidad, sino todo lo contrario. Hasta la mentira es un buen instrumento si nos devela y revela una verdad mayor. La pintura de Cecilio Colón es fiel a la tradición profética y reveladora llena de honestidad de los artífices de la imagen. Todo lo contrario, repito, al arte de adormecer televisivamente con imágenes convincentemente escogidas y recortadas. Cada cual a lo suyo.
Tal vez se requiera un alquimista. Tal vez el uranio reducido sea un elemento indispensable para la transformación. Todo mago sabe que tras el velo del horror se oculta la belleza. Tal vez a Boriquén, esa ancestral morada del altivo señor, le toque el papel de piedra filosofal que transmute en paz la infamia. Ojalá que al leer estas líneas todo haya pasado a formar parte de un capítulo cerrado de nuestra historia, aunque no es eso lo que parece augurar la pieza titulada «Tiempo borrascoso».
Bieké: luz deslumbrante de amarillo radioactivo, fogonazo terrible que todo lo subyace; has despertado la historia y Cecilio Colón lo sabe.
Nora L. Rodríguez Vallés
San Juan, 28 de abril de 2001













