Obras: 2000 - 2011

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2000 - 2011

En 2010, la pintura Homo Sapiens, pintada por Cecilio en 1995, se exhibe en Careos / Relevos: 25 años del MAC, muestra de la Colección Permanente del Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico. La obra Homo Sapiens fue también seleccionada para Proyecto MAC, en el que los diseñadores de modas Harry Robles y Nicole De Jesús crearon atuendos inspirados en la misma.

En 2008, el dibujo Lunar 1 es incluido en la Exposición de la Colección Reyes Veray, en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico.

En 2008, el tríptico Nació la aurora en Guilarte participa en la colectiva de artistas puertorriqueños Cien imágenes de Corretjer en el tiempo, presentada en el Antiguo Arsenal de la Puntilla en San Juan, Puerto Rico, en conmemoración del natalicio del poeta nacional Juan Antonio Corretjer.

En 2007, Cecilio exhibe sus obras en PR Art and Wine Fair, en el Centro de Convenciones de Puerto Rico.

En 2007, las pinturas La última ceiba (2006) y Evolución de hombre y ceiba (1984) participan en la exposición colectiva Terruño y paraíso perdido, en el Museo de las América, en San Juan, Puerto Rico.

En 2007, la pintura Los de a caballo es incluida en la colectiva El caballo en la cultura puertorriqueña, en el Museo de las América, en San Juan, Puerto Rico.

En 2006, Cecilio vuelve a expresarse de manera más abstracta y expresionista, a partir de la obra Ecosistema evolutivo 2. Su pintura Pájaro andrógeno es incluida en la colectiva Medios en pequeño formato, organizada por el Museo de Arte de Caguas, Puerto Rico.

En 2006, la obra Sigo pelú y barbú, creada en 1996, es incluida en Autocontemplación, exposición de autorretratos de pintores puertorriqueños —desde Francisco Oller hasta el siglo XX— organizada por el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

En 2005, la obra Cristo del arrecife participa en la muestra del Sexto Certamen Nacional de Artes Plásticas del Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC). Esta obra forma parte, además, del portafolio gráfico Mar nuestro, realizado por los artistas Carmelo Fontánez, Rafael Trelles y Cecilio Colón.

En 2003, Cecilio presenta la exposición individual Me vuelvo a mi monte, en Galería Botello de Hato Rey. Esta muestra representa una nueva tendencia en la obra del artista, donde la figuración paisajista refleja acercamientos al realismo. La misma le mereció Premio de Exposición en Galería Comercial, otorgado en 2004 por el Capítulo de Puerto Rico de la Asociación Internacional de Críticos de Arte.

La nueva pintura de Cecilio Colón Guzmán

Luego de guiar durante una hora en el tapón mañanero desde Gurabo a Hato Rey, llega a la compañía de procesamiento de datos de la que ha sido empleado durante los últimos 20 años.  Cuando salió esa madrugada de su casa, enclavada en la cima de un monte que él mismo reforestó, la neblina cubría el valle del pueblo, todavía poblado de luces.  Lo imagino sereno, como siempre lo he conocido. Entra a la oficina, saluda atento y generoso a cada uno de sus compañeros de trabajo y se sienta a laborar en su jornada de ocho horas frente a la computadora, como Analista de Información.  En su pequeño cubículo, uno entre treinta y ocho que ocupan el piso, todo es simple y austero.  Pegada a la pared, una imagen a color impresa en una postal, brilla como una paradoja. Es una reproducción del paisaje La Hacienda Aurora del maestro Francisco Oller.

Les hablo del reconocido pintor puertorriqueño Cecilio Colón Guzmán y esa postal que lo acompaña como un amuleto protector en sus horas de trabajo de oficina, nos da la clave para analizar su nueva exposición de pintura en la Galería Botello titulada, Me vuelvo a mi monte.

En la escuela superior, el joven Cecilio pintaba de forma autodidacta paisajes y escenas costumbristas de contenido social.  Sin embargo, desde sus años universitarios Cecilio se dedicó con pasión a cultivar la abstracción en su pintura.  Formado por los maestros puertorriqueños Carmelo Fontánez, Lope Max Díaz, Luis Hernández Cruz, Susana Herrero y Luisa Géigel, fue Fontánez y su particular manera de abordar la pintura y el paisaje, quien marcó decisivamente la obra temprana de Cecilio Colón.  Muy pronto Cecilio se individualiza como pintor y comienza a recibir premios y reconocimientos por su excelente trabajo.  Como fiel seguidor de la tradición abstraccionista, su atención se enfoca en los elementos formales de la pintura, principalmente en el color, el cual maneja con originalidad y maestría.  Por ello forma parte del relevo generacional de coloristas puertorriqueños que inaugura Don Félix Bonilla Norat con su cátedra de teoría del color y que continúa con la labor pedagógica de algunos de sus alumnos, entre ellos Fontánez.  A esto se le añade su afición por el chorreado, el salpicado y el accidente controlado, que acerca su pintura al territorio del action painting y el expresionismo abstracto estadounidense.

Con el tiempo las abstracciones de Colón se fueron complicando.  Sus composiciones se cargaron con los más diversos elementos formales, llegando a un barroquismo dinámico, por momentos caótico y marcado por un frenesí urbano.  No obstante, la obra de este pintor se resiste a las etiquetas estilísticas.  Su amor por la abstracción no le impidió usar ocasionalmente algún componente figurativo, especialmente en su última exhibición Del Uranio y Otras Sustancias, en la que insertó sus preocupaciones ambientalistas y sociales.  Esa tendencia se consolida en su pintura actual, donde la figuración paisajista se manifiesta con la fuerza de la sencillez, pues el estudio del paisaje al natural lo lleva a simplificar sus composiciones.  En esta muestra, Cecilio Colón se entrega con decisión a explorar las dramatizaciones propias del realismo.  En lugar de seres humanos, sus personajes dramáticos son la ola, el mar, la montaña, las nubes, la luz, la aurora, el ocaso o el amenazante “chaff”.  La intensidad teatral de estos paisajes es lograda por la sabia utilización de los altos contrastes y la elegante síntesis de las formas.  En Ola Nocturna, una de las mejores piezas de la muestra, una ola blanca irrumpe en un oscuro mar en una noche cargada de misterio y de poesía.  Su dibujo es realista y preciso, pero carente de la retórica representativa que lo acercaría a la estampa comercial.  Lo mismo sucede en Amanece: un verdadero poema cromático.  Aquí, los colores fríos y calientes del cielo, delicadamente sobrepuestos, contrastan con audacia con la silueta violeta, naranja y amarilla de la montaña.  En las pinturas tituladas Chaff y Cuidado con las Nubes, reaparece la denuncia ecológica, esta vez representada por nubes de extraño aspecto que cruzan amenazantes por cielos bellamente pintados.  Éstas, a su vez, le sirven de vehículo para introducir en el paisaje parte de su vocabulario abstracto.  De hecho, hay mucha continuidad entre la pintura anterior y la nueva, sobre todo en la inteligencia de su color y en la simplificación e intercalación de las formas como en un rompecabezas.  Aun dentro de su aventura figurativista, este pintor antillano continúa siendo esencialmente abstracto. De esta manera, participa de las últimas tendencias posmodernistas, que permiten al artista apropiarse de diferentes estilos y medios para emplearlos como mejor entienda en su obra artística.

Cecilio nos habla extensamente sobre su búsqueda plástica y conceptual, sobre sus aspiraciones y metas como artista y ser humano, y sobre su doble vida como empleado de computación y pintor. Nos confía su esperanza de que la figuración ponga a su obra y a sus ideas, en contacto con un público más amplio. Con esa intención en mente, sumada a la incorporación del realismo y de los temas sociales en su pintura, Cecilio Colón Guzmán se une a la larga tradición pictórica puertorriqueña de compromiso social, iniciada por Francisco Oller y continuada con honra por los maestros de la década del cincuenta.

Impreso en una postal, el paisaje de La Hacienda Aurora del maestro Oller, resplandece como un pequeño cirio en un cubículo de una oficina en Hato Rey.  Junto a él, un hombre que mira un computador, imagina los paisajes, las formas y los colores de su tierra, sin siquiera percatarse de las interminables columnas de información que pasan parpadeando por la pantalla de cristal. 

Rafael Trelles
Febrero, 2003

Abstracciones sobresalientes

martes, 25 de marzo de 2003
Por Manuel Álvarez Lezama
Especial – El Nuevo Día

La producción de la buena abstracción está muy viva en Puerto Rico. Lo que comenzara Julio Rosado del Valle, y luego convirtiera y desarrollara en discurso vanguardista Luis Hernández Cruz (el decano de nuestra abstracción), sigue tomando fuertes, provocadoras y atractivas rutas en nuestro país. Prueba clara de esto es que recientemente hemos tenido una serie de sobresalientes exposiciones donde artistas de distintas generaciones se han distinguido enormemente.

Mientras Hernández Cruz continúa con sus preciosos y místicos mares, mientras Rosado del Valle continúa con sus flores y animales, mientras Julio Suárez sigue experimentando dentro de un minimalismo exquisito, mientras Ramón Berríos continúa desarrollando su poderoso discurso tridimensional en piedra (que ahora incluye luz), mientras Bernardo Hogan nos sigue maravillando con sus dioses postmodernos, otro grupo de artistas nos sorprende con la calidad y la originalidad de su trabajo.

Recientes exposiciones, como la de «los paisajes» de Marta Lahens, en la Galería La Pintadera, (en la que la artista nos transporta a unas topografías donde la paz y el misterio nos invitan a protagonizar un viaje a la soledad y a la comunión verdadera); como los abstractos puros de Carlos Dávila Reinaldi, en la Galería Petrus (donde el artista nos recuerda que puede seguir siendo tan libre como siempre lo ha sido), o como los extraordinarios dibujos minimalistas que José Morales expusiera en el MAPR, nos enorgullecen como país donde la abstracción no tiene límites, reinventándose en cada momento.

Tres exposiciones recientes deben ser discutidas. Se trata de los hermosos «paisajes» de Cecilio Colón Guzmán (en Botello, bajo el titulo de Me vuelvo a mi monte). Se trata de los fascinantes «universos» de Mariestella Colón Astacio (Ficciones y periferias en el Museo de las Américas). Y se trata de los divertidos y profundos «espacios geométricos» de José Antonio Vargas (en la Galería Raíces, expuestos bajo el titulo de La poética del espacio).

Cecilio Colón Guzmán (Barranquitas, 1959) ha sido siempre un artista de gran talento y verdadero profesionalismo. El discurso estético que ha venido desarrollando por muchos años ya composiciones abstractas en las que lo orgánico, carnavalesco y pop ha sido siempre respetado, pero no ha logrado ser aceptado abiertamente por muchos (aunque a este crítico le encantan los misterios de sus antiguas composiciones). Con esta exposición y desde una madurez y honestidad reales, Colón Guzmán entra en una nueva etapa: más suave, atractiva, más bella. Sus nuevas composiciones pueden ser vistas como hermosos paisajes llenos de la magia y el lirismo que definen las bellezas de Puerto Rico. Sus mares, valles y montañas son sueños que nos recuerdan que afortunadamente nos quedan muchos de estos regalos visuales.

Por su parte, Mariestella Colón Astacio (Hato Rey, l960), que nos ha asombrado y seducido con la frescura y las profundidades de su sintaxis estética, ha vuelto a entusiasmarnos con su nueva y generosa (debió haber sido mejor editada) exposición (auspiciada por la Galería Pamil). La artista vuelve a invitarnos a sus planetas, topografías, poemas, definidos por un lirismo orgánico muy suyo. Sus composiciones, que se pueden ver como planetas o encajes postmodernos, nos obligan a reaccionar. En estas nuevas obras, más complejas, barrocas y profundas, Colón Astacio nos hace claro que su propuesta estética está madurando con gran efectividad, y que sus espacios son cada vez más mágicos.

José Antonio Vargas sigue enamorado del azul. Y ha tenido la honestidad y la valentía de continuar desarrollando un discurso a veces paródico, a veces brillantemente creativo, a veces demasiado retante. En su nueva muestra en la Galería Raíces vemos a un intelectual que dialoga con Leonardo, con Descartes. Para el artista el espacio, el color, las comuniones son metáforas de nuestro paso por este mundo que cambia brutalmente de día en día.

Galardones a la creación plástica

sábado, 17 de abril de 2004

Por Mario Alegre Barrios

CON UN TOTAL de 46 premios en 22 categorías, el Capítulo de Puerto Rico de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) celebró anoche una edición más de la ceremonia en la que se premia lo que –a juicio de sus miembros- fue lo más destacado del año pasado en el ambiente de las artes plásticas nuestras.

La velada en homenaje a Eduardo Vera Cortés y en tributo a la memoria de Joaquín Mercado tuvo como escenario el Teatro Raúl Juliá del Museo de Arte de Puerto Rico.

Carlos Marichal: Poeta de la línea –en el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico- fue reconocida como la «Exposición del Año», mientras que Las formas de la existencia, en el Museo de Arte de Puerto Rico de Augusto Marín recibió el galardón destinado a la «Mejor Exposición Retrospectiva».

En el renglón de «Exhibición Local de Medio», los miembros de la AICA premiaron a Adelino González por su colección Óxidos/textura/forma II, presentada en la galería La Pintadera y Grifos de Harry Rangel, en la Galería de la Universidad del Sagrado Corazón recibió el galardón como «Primera e Individual Profesional».

Asimismo, en la categoría de Arte Público, Susana Espinosa fue distinguida por La torre mural, en el Parque Luis Muñoz Rivera, mientras que Amanda Carmona Bosch cargó con el reconocimiento a la «Mejor Exposición Individual» por Rojo profundo, en el Museo de las Américas.

En «Medios Contemporáneos» Arturo Bourasseau fue el premiado por su muestra Obras recientes en la galería Biaggi & Faure Fine Art.

En «Diseño de Cartel» y para no herir susceptibilidades por omisión se premió a Luis Alonso, por su pieza para el Festival Casals; a Rafael Tufiño, por su obra para la exposición Rafael Tufiño: pintor del pueblo, en el Museo del Barrio; a Orlando Salgado, por el afiche para los 30 años del Museo Pablo Casals; a Antonio Martorell, por el cartel que realizó para la exposición de Carlos Marichal en el Museo de Historia, Antropología y Arte de la UPR; a Nelson Sambolín, por el cartel para la inauguración de la nueva sede del Museo de Arte Contemporáneo; y Luis Maisonet Ramos, por la exposición de Laura Gallego.

El galardón al «Mejor Catálogo» fue adjudicado Marine Creative y Lissy Marín por su trabajo relacionado con la colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo.

En otro generoso gesto de la AICA, fueron varios también los premios en la categoría de «Exposición Galería Comercial«, a saber: De un pájaro las dos alas, en Gómez Fine Art; Félix Bonilla Norat, maestro del color y movimiento, en …de Museo Galería de Arte; Interiores, de Antonio Cortés, en la Galería A. Cueto; Visitando los maestros, de Rafael Colón Morales, en Pamil Fine Art; Entrevisiones, en Uri Art Gallery; Me vuelvo a mi monte, de Cecilio Colón, en la Galería Botello; Como la vida misma, de Marisel Tavárez, en la galería La Casa del Arte; y Simultáneos, de Nayda Collazo, en la Galería Raíces. En este renglón, se le dio una «Mención Especial», a Nick Quijano por Altar central.

En 2001, Cecilio presenta su exposición individual Del uranio y otras substancias, en Galería Botello en Hato Rey, San Juan, Puerto Rico.

Del uranio y otras sustancias
Pinturas de Cecilio Colón Guzmán
Galería Botello, Hato Rey, PR
17 de mayo al 16 de junio de 2001

Al mirar una obra de Cecilio Colón, lo primero que se nota es la calidad técnica expresada en la terminación de las superficies. Podemos, entonces, decir que en estas 20 obras de pequeño formato, Cecilio Colón logra también la unidad conceptual de una gran diversidad de elementos pictóricos, especialmente, la textura y el color, que dan paso a una temática ambiental, socio-política y personal.  Desde el impasto, los rayazos y el movimiento dinámico de los elementos formales, podemos construir distintos mapas y paisajes de nuestra flora y fauna tanto natural como social.  Siluetas como metonimias de lo nacional, metamorfosis como metáforas de nuestra prisa contemporánea, formas que refieren o aluden a la vida micro-orgánica, a la etapa larval, o pre-fetal, se entrelazan a otras imágenes de banderas, máscaras y barcos en un contexto que sentimos, irónicamente, como el espacio del carnaval, del desfile y de la música caribeña.  En el arte específicamente: en nuestro arte hasta las imágenes de la muerte están vivas.  Todo se hace vida.

Cecilio Colón es un artista arriesgado en lo que se clasifica como «arte abstracto».  Aquí podemos ver algo de Olga Albizu combinado con un Carlos Raquel Rivera abstractísimo, como antes, en pinturas de formato más grande, podemos apreciar una combinación de Pollock y Rafael Rivera García.  No importa si estos diálogos o influencias sean inconscientes o por casualidad, lo que sí importa es que los entrecruces e intercepciones son inevitables.  No obstante, lo que hace la diferencia es la digestión que hace el artista de estos elementos formales/temáticos desde un nuevo momento, una nueva urgencia, como aquel que pasa por el mundo haciendo el esfuerzo de la labor creativa y todo lo que ésta exige para que el mundo pase por el artista y su subjetividad, que es, en última instancia, lo real concreto en cada individuo colectivo.

Elizam Escobar
27 abril 2001

Sobre “Del uranio y otras sustancias”

¿De qué color es la furia? ¿Cómo se pinta el choque de lo mejor de nuestro ser con la irracionalidad y la contumacia ignorante que puede ser tan increíble barrera a la justicia? Las pinturas presentadas a nosotros por Cecilio Colón en esta muestra sabiamente titulada Del uranio y otras sustancias, encuentran una respuesta a éstas y otras preguntas que enfrentamos y que nos enfrentan ante la situación de Vieques. En las obras aquí presentadas «la abstracción se hace muy concreta» insertándose en la formalidad con sentido que nos han legado artistas nuestros como Carlos Collazo y los maestros Kandinsky y Malevich, ruso y ucraniano respectivamente. Nada que ver con la abstracción como discurso inocuo promovido por la CIA en los años de la «guerra fría».

Cada obra aquí presentada merece nuestra contemplación. Y digo contemplación porque es una disciplina tan poco practicada en la actualidad que requiere que reiteremos lo que debiera ser evidente. Sólo con la observación paciente y consciente del arte, nos beneficiaremos de la oportunidad que nos ofrecen los artistas para realmente ver y entender claramente imágenes que nos son comunes y que sólo perturban a aquel que las niega y se deja manejar por ellas.

Una de las herramientas de dominación que más están afectando nuestra capacidad de observar con consciencia, es el encuadre conveniente de la imagen televisiva. Sin embargo, hay imágenes queridas que desenmascaran las manipulaciones más sofisticadas. Con un formato parecido al de una pantalla de televisión, pinturas como «El Arresto»«Se lo llevan» o «De dos en dos» entre otras, percibimos todo lo contrario a las imágenes en movimiento que nos presenta ese objeto tan cotidiano. En ellas la emoción y el dolor se agitan. La mentira es desenmascarada y nos graban en la mente personajes extraños. Vemos fantasmas que levitan; águilas en picada; enmascarados y amenazados construyéndose desde un magma plástico que no intenta negar, por apocalíptico que sea el resultado, el placer de la creación. En «Rubito de Vieques», como si fuera un personaje de Shakespeare, el artista ve aparecer inesperadamente al padre muerto. Esta imagen explora la duda que todos debiéramos dejar aflorar en nuestra mente y que es representada en la obra «¿Y acá en el Yunque?». ¿Quién nos explica la epidemia de cáncer y diabetes, entre otras enfermedades que vivimos en la isla grande? El artista norteamericano Ellsworth Kelly intentó emular a Malevich en su camino plástico, logrando magníficas abstracciones, pero su cuadrado negro junto al del ucraniano parece una mala fotocopia. Para los artistas puertorriqueños como Cecilio Colón, la abstracción dista mucho de ser vacía y superficial. Como buen amante de la naturaleza, marino y buzo en la realidad, su práctica plástica refleja metafóricamente esa conversación con las profundidades del agua. Si observamos con cuidado veremos en obras como «Zonas prohibidas», tinglares y manatíes míticos, celajes de ánimas-peces, otros ejemplos de fauna marina en ocasiones descuartizada y almas mutantes en un océano arquetípico. En varias de las pinturas veremos aparecer un embudo. Lo sugiero como puerta de entrada desde este mundo, al que nos muestra generosamente el artista.

Todos los pintores somos herederos de una tradición milenaria. El Greco ponía junto a su firma «he revelado». La pintura por ilusionista que sea, algo que no es el caso de la abstracción de Cecilio Colón, no busca mentir como finalidad, sino todo lo contrario. Hasta la mentira es un buen instrumento si nos devela y revela una verdad mayor. La pintura de Cecilio Colón es fiel a la tradición profética y reveladora llena de honestidad de los artífices de la imagen. Todo lo contrario, repito, al arte de adormecer televisivamente con imágenes convincentemente escogidas y recortadas. Cada cual a lo suyo.

Tal vez se requiera un alquimista. Tal vez el uranio reducido sea un elemento indispensable para la transformación. Todo mago sabe que tras el velo del horror se oculta la belleza. Tal vez a Boriquén, esa ancestral morada del altivo señor, le toque el papel de piedra filosofal que transmute en paz la infamia. Ojalá que al leer estas líneas todo haya pasado a formar parte de un capítulo cerrado de nuestra historia, aunque no es eso lo que parece augurar la pieza titulada «Tiempo borrascoso».

Bieké: luz deslumbrante de amarillo radioactivo, fogonazo terrible que todo lo subyace; has despertado la historia y Cecilio Colón lo sabe.

Nora L. Rodríguez Vallés
San Juan, 28 de abril de 2001

En el 2000, la obra Pescador de bala inerte participa en la colectiva Creo en Vieques, presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico y en el Museo Fortín Conde de Mirasol, en Vieques, Puerto Rico.