LAS CRUCES DE CECILIO COLÓN SE CLAVAN EN LA MEMORIA


Pronunciamiento de la poetiza ELSA TIÓ como introducción al Encuentro de Pintura y Poesía, en la exhibición ARQUEOLOGÍA PROFÉTICA de Cecilio Colón Guzmán, en el Museo de Arte de Bayamón, Puerto Rico, sábado 28 de junio de 2014.

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Las cruces de Cecilio Colón Guzmán se clavan en la memoria, nos humanizan y fortifican ante un mundo cada día más indiferente, más apático, más lejano de su propio corazón, más necesitado de semillas.


Estas cruces de la memoria son para que no olvidemos el calvario que sufre la naturaleza. Son cruces que redimen y alertan sobre los graves peligros, pero simultáneamente, en sus formas y colores traen un mensaje de esperanza, que dan aliento de vida.


Por ello este conjunto unitario de sus pinturas nos resucitan el gozo, la fuerza, la pasión, la lucha, desde sus “Diez cielos”, desde sus “Surco de nubes”, y el “Verde querer”, y la “Noche grávida”, o “Una gota culminante”, son hazañas de la belleza que nos deslumbra y nos llevan a entender la significación de nuestros actos; son pinturas que nos piensan con fe. Por eso también nos azotan de dolor, para que cobremos conciencia de lo que ocurre. Su pincel es como un pájaro que intuye la tormenta, y alerta, o embiste como el Josco de Abelardo.


Cecilio nos presenta una naturaleza crucificada, pero lista para resucitar capaz de redimir a los pueblos. Si las palabras poetas son semillas del asombro e imaginación, las pinturas de Cecilio son otro poema milagroso en sus formas y colores, al presentarnos este vía crucis que nos concientiza; es un estallido de solemnidad, fiesta, ritual y amor que vaticina la buena lucha. La naturaleza es su altar y su calvario, hay que protegerla, aterrarla, levantarla. Su profecía es clara: la tierra nos resucita a todos, en el milagro de la vida; sin ella, agonizamos.


Pero estamos rodeados de peligros, profetiza el presente. La desolación del hombre ante una tierra agredida, es motivo para que Cecilio nos alerte y nos deje perplejos desde la belleza de su obra mensajera. Y sus angustias no son individuales, sino colectivas. Él capta la agonía y la esperanza de un mundo frente a los Monsanto destructores.


Estamos aquí, porque un artista nos pensó la patria y encontró en su lienzo el esplendor de la creación que encierra vida. Su pincel es un semillero que nos libera, recorre con imaginación formas y colores en un mundo real que nos agobia y nos conmueve. Sus pinceladas son como nubes de lluvia que se deslizan por los cielos anunciando vida. Y esas nubes de lluvia, de las que hacen nacer a las semillas, viven en los jóvenes agricultores; en su hijo agricultor y en los amigos de sus hijos, que saben que la tierra es la gran salvadora. Y es esa generación la que nos infunde un sentido de vida, porque vuelve a la tierra, a la raíz, al alimento. Porque él sabe que una tierra que no se siembra, es como un hijo que no se besa.


Parecen estas cruces producto de un sueño, porque nacen de la esperanza; no son cruces que castigan, sino que redimen, que aman esta tierra. Cruces que son como alas fecundas que vuelan como peces y se siembran en las estrellas.


Este vía crucis es un paso indispensable para la lucha, son cruces que no pesan, nos seducen, nos invitan a cargar el peso de esa cruz grávida, que sabe cargar las penas de los pueblos. Irónicamente el peso mayor consiste en no llevarla sobre nuestros corazones, que es la forma de cargarla. Es un canto a la vida.


Elsa Tió