Sobre “Del uranio y otras sustancias”


¿De qué color es la furia? ¿Cómo se pinta el choque de lo mejor de nuestro ser con la irracionalidad y la contumacia ignorante que puede ser tan increíble barrera a la justicia? Las pinturas presentadas a nosotros por Cecilio Colón en esta muestra sabiamente titulada Del uranio y otras sustancias, encuentran una respuesta a éstas y otras preguntas que enfrentamos y que nos enfrentan ante la situación de Vieques. En las obras aquí presentadas "la abstracción se hace muy concreta" insertándose en la formalidad con sentido que nos han legado artistas nuestros como Carlos Collazo y los maestros Kandinsky y Malevich, ruso y ucraniano respectivamente. Nada que ver con la abstracción como discurso inocuo promovido por la CIA en los años de la "guerra fría".


Cada obra aquí presentada merece nuestra contemplación. Y digo contemplación porque es una disciplina tan poco practicada en la actualidad que requiere que reiteremos lo que debiera ser evidente. Sólo con la observación paciente y consciente del arte, nos beneficiaremos de la oportunidad que nos ofrecen los artistas para realmente ver y entender claramente imágenes que nos son comunes y que sólo perturban a aquel que las niega y se deja manejar por ellas.


Una de las herramientas de dominación que más están afectando nuestra capacidad de observar con consciencia, es el encuadre conveniente de la imagen televisiva. Sin embargo, hay imágenes queridas que desenmascaran las manipulaciones más sofisticadas. Con un formato parecido al de una pantalla de televisión, pinturas como "El Arresto", "Se lo llevan" o "De dos en dos" entre otras, percibimos todo lo contrario a las imágenes en movimiento que nos presenta ese objeto tan cotidiano. En ellas la emoción y el dolor se agitan. La mentira es desenmascarada y nos graban en la mente personajes extraños. Vemos fantasmas que levitan; águilas en picada; enmascarados y amenazados construyéndose desde un magma plástico que no intenta negar, por apocalíptico que sea el resultado, el placer de la creación. En "Rubito de Vieques", como si fuera un personaje de Shakespeare, el artista ve aparecer inesperadamente al padre muerto. Esta imagen explora la duda que todos debiéramos dejar aflorar en nuestra mente y que es representada en la obra "¿Y acá en el Yunque?". ¿Quién nos explica la epidemia de cáncer y diabetes, entre otras enfermedades que vivimos en la isla grande? El artista norteamericano Ellsworth Kelly intentó emular a Malevich en su camino plástico, logrando magníficas abstracciones, pero su cuadrado negro junto al del ucraniano parece una mala fotocopia. Para los artistas puertorriqueños como Cecilio Colón, la abstracción dista mucho de ser vacía y superficial. Como buen amante de la naturaleza, marino y buzo en la realidad, su práctica plástica refleja metafóricamente esa conversación con las profundidades del agua. Si observamos con cuidado veremos en obras como "Zonas prohibidas", tinglares y manatíes míticos, celajes de ánimas-peces, otros ejemplos de fauna marina en ocasiones descuartizada y almas mutantes en un océano arquetípico. En varias de las pinturas veremos aparecer un embudo. Lo sugiero como puerta de entrada desde este mundo, al que nos muestra generosamente el artista.


Todos los pintores somos herederos de una tradición milenaria. El Greco ponía junto a su firma "he revelado". La pintura por ilusionista que sea, algo que no es el caso de la abstracción de Cecilio Colón, no busca mentir como finalidad, sino todo lo contrario. Hasta la mentira es un buen instrumento si nos devela y revela una verdad mayor. La pintura de Cecilio Colón es fiel a la tradición profética y reveladora llena de honestidad de los artífices de la imagen. Todo lo contrario, repito, al arte de adormecer televisivamente con imágenes convincentemente escogidas y recortadas. Cada cual a lo suyo.


Tal vez se requiera un alquimista. Tal vez el uranio reducido sea un elemento indispensable para la transformación. Todo mago sabe que tras el velo del horror se oculta la belleza. Tal vez a Boriquén, esa ancestral morada del altivo señor, le toque el papel de piedra filosofal que transmute en paz la infamia. Ojalá que al leer estas líneas todo haya pasado a formar parte de un capítulo cerrado de nuestra historia, aunque no es eso lo que parece augurar la pieza titulada "Tiempo borrascoso".


Bieké: luz deslumbrante de amarillo radioactivo, fogonazo terrible que todo lo subyace; has despertado la historia y Cecilio Colón lo sabe.


Nora L. Rodríguez Vallés

San Juan, 28 de abril de 2001

Tiempo borrascoso