Cecilio Colón Guzmán: Los espacios íntegros


Cecilio Colón Guzmán es un artista que utiliza la pintura para que entremos en unos espacios donde el color, los símbolos y las figuras se unen para comunicarnos un mensaje crítico sobre el mundo actual.


Este artista es un hombre generoso con la naturaleza y con la sociedad, y su asombro ante nuestro egoísmo feroz y la violencia incontrolable hacia nuestro planeta, nuestra isla y nuestro prójimo se refleja en la temática de su obra actual.


Es interesante que Voltaire no haya escrito ensayos. Su filosofía nos llega a través de otros géneros literarios. En el caso de Cecilio Colón Guzmán sus preocupaciones están expresadas en sus lienzos. Su obra refleja la reacción de un poeta ante lo que nos ocurre después de la Revolución Industrial, y en la presente Revolución de las Comunicaciones, en un mundo que vive al mismo tiempo en el próximo siglo y en la barbarie.


Lyotard habla de un saber narrativo –una verdad que nos llega a través del cuento y sus metáforas– que es tan válido como el saber científico. Cecilio Colón Guzmán es un visionario que quiere (y tiene) que contarnos sus preocupaciones. Uno de los discursos a su disposición, quizás el más agudo, es la pintura –una pintura poderosa y original donde el color, los símbolos, las formas y la posibilidad de la metáfora convierten al público en coautores de unos cuentos necesarios-.


La obra de Cecilio Colón Guzmán siempre se ha caracterizado por ser visualmente compleja y por el peso de su mensaje. En esta exposición, no obstante, vemos una obra más intelectual y más madura. Si antes los protagonistas de sus pinturas eran los colores brillantes y una composición atrevida, ahora el pintor introduce la forma humana para guiarnos en lo que podríamos describir como dramáticos viajes a este presente tan desconcertante.


La pintura actual de Cecilio Colón Guzmán demuestra por un lado una propuesta estética de vanguardia –la integración de diferentes planos visuales, la combinación dramática de colores, el uso indiscriminado de símbolos y formas de todos los tiempos, el hombre como silueta y como ameba, un ritmo orgánico donde el mar y la lava bailan desenfrenadamente, un erotismo dulcemente primitivo, una inocencia todavía sin contaminar– y por otro, el propósito de comunicarnos algunos de los principales problemas que el hombre confronta a finales del segundo milenio de la era cristiana.


En los cuadros que componen esta exposición el color, los signos y las formas parecen apuntar a un mundo irreal y desconocido cuando en verdad nos están señalando un presente complejo y caprichoso donde la injusticia y el dolor muchas veces triunfan sobre la belleza y el bien.


Cecilio Colón Guzmán logra capturar en estos cuadros la venenosa orgía perpetua en que se está viviendo: el constante ultraje a la naturaleza y la destrucción de nuestro ecobalance, la tragedia del SIDA -la gran plaga de nuestro siglo-, el consumismo estúpido en que vive Puerto Rico, la violencia diaria, la explotación de la sexualidad, la terrible pérdida de la inocencia. Cuadros como Orgía Inducida, Visitante Fortuito, Expulsados, Subterráneo, Ecosistema 1, la serie titulada Simón-Simón (que incluye tres obras excepcionales que viajaron a la Tercera Bienal Internacional de Pintura de Cuenca, Ecuador en 1991 y que nunca han sido expuestas en Puerto Rico), Acecho Inexorable y Creced y Multiplicaos demuestran que este pintor es un gran cronista de nuestra época.


Esto no quiere decir que la obra de este artista recoja solamente lo trágico. Todo lo contrario. Las pinturas de Cecilio Colón Guzmán también son actos celebratorios donde la naturaleza y el hombre son expuestos dentro de toda su maravilla y con todo su esplendor.


En los provocadores escenarios de Cecilio Colón Guzmán -tan cromáticamente barrocos, tan repletos de claves– se escuchan ecos de artistas como Kandinsky, De Kooning, Miró, Dubuffet, Haring, Hernández Cruz, Carmelo Fontánez, Mendive y Bedia, y pueden ser vistos como hermosas ofrendas postmodernas.


En esta exposición, Cecilio Colón Guzmán, con toda la integridad que lo caracteriza como hombre y como artista, no sólo nos pide que descifremos sus escenarios sino que nos reta a que comencemos a entender lo que está ocurriendo en la tierra para que juntos comencemos a detener parte de la locura.


Manuel Álvarez Lezama

San Juan, Puerto Rico

1994

Simón-Simón fantasma