Cecilio Colón Guzmán – Nuevas Pinturas



Desde sus años de estudiante, primero en el Recinto mayagüezano y luego en Río Piedras, de donde se gradúa con honores en el 1981, con una concentración en pintura, Cecilio Colón Guzmán ha recibido reconocimientos y premios por sus dibujos y pinturas.  Entre ellos, tres son del Certamen Mobil, y tres son del Ateneo Puertorriqueño, con dos primeros premios incluidos, uno por cada institución.  Durante los últimos doce años ha exhibido todos los años, colectiva o individualmente, en galerías, centros culturales, el Instituto de Cultura Puertorriqueña y hasta en Nueva York, en la antigua Galería Cayman, ahora transformada en el Museum of Contemporary Hispanic Art.  Por lo tanto, su nombre y su arte le son conocidos a todos los que se toman un interés más allá de lo pasajero en el mundo de las artes.


Pero esta muestra de catorce obras en la Galería Botello de Plaza Las Américas, le ofrece la oportunidad de darse a conocer ante un público más joven y variado del que anteriormente le conocía, y a nosotros, la de ponernos al día en lo que ha estado haciendo durante los últimos dos años.  Para ambos presenta un reto de mirar con detenimiento y no ser engañados por los saturados y brillantes colores que se ofrecen con singular vehemencia de primera intención.


Cecilio siempre se ha identificado con lo que se conoce bajo la designación de arte abstracto que hoy, más que nunca, dice cada vez menos y menos de lo que se está viendo.  Es necesario recordar la trayectoria seguida por este joven artista para mejor entender lo que afirma como compromiso, siempre presente, de una búsqueda de integridad y perseverancia encaminada a articular una plástica disciplinada, no caótica o accidentada, expresiva de profundas preocupaciones de la condición humana y su medioambiente.  La ausencia de la figuración, en su acepción más amplia y vulgarizada, de un arte mimético –sea éste realista, surrealista, simbólico o cualquiera de las infinitas variaciones pasadas o resurgidas en las últimas dos décadas- tal ausencia, no excluye la posibilidad, en obras como las que aquí se nos presentan, de un contenido reflexivo, analítico o crítico de la vivencia existencial.


Hace diez años los “Cúmulos”, dibujos o acrílicos de fuerte estructuración del plano pictórico en áreas, unas veces geometrizantes y otras de fuerte organización orgánica, advertían de un rigor en el diseño que establecía jerarquías entre los colores y los tonos empleados.  En una medida muy real se convertían en paisajes líricos o expresivos, de fuga o aglutinación de los colores, o los trazos del lápiz sobre la superficie del lienzo o el papel.  La dialéctica entre los trazos gestuales y los rectángulos o cubos cerebrales, que se apropiaban un rol intelectualizante, afirmaba un drama entre los sentimientos y el pensamiento.


Para mediados de la década, la presencia humana, anticipada por unos frágiles cordones que flotaban sobre las pinturas, se materializa espectralmente para tomar posesión de los paisajes deshabitados que le habían precedido.  Tal obra le ganó el primer premio de dibujo del Ateneo Puertorriqueño en el 1985, y una mención honorífica en pintura en ese mismo certamen.  Conjuntamente a este desarrollo se marca el interés por unos matices más saturados que juegan con la oscilación de espacios, de áreas positivas y negativas, que rompen la tiranía del plano, y obligan al espectador a conjugar el diseño planimétrico con un ilusionismo abstracto colorista y tonal.


En la presente exhibición, Paisaje 90, Los miopes ambientalistas, y En la vida todo es ir, parecen culminar en una orgía de color y movimiento la trayectoria iniciada hace más de una década.  Mucho más libres en su organización, estos lienzos interpretan la mancha controlada, con sus chorreados y vertientes, y sus estridentes colores, con la misma pasión y alarde que se dio en los ‘fauves’ y los expresionistas de principio de siglo.  El Chupadiezmos, Simón-Simón, y Los del Cobalto, delatan el latente interés en una figuración altamente estilizada y en el comentario social, y hasta lo autobiográfico (Personaje de mi Eco-Sistema), siempre latente en la abstracción ideogramática de Cecilio Colón.


Entre las montañas, las selvas, los rascacielos y los espacios de fantasía y color de este artista oriundo de Barranquitas, se oye un grito de alerta para detener el deterioro humano y ecológico que amenaza con destruir nuestra civilización.  Contrapuestos El Pan Nuestro de Cada Día y Huellas de Esperanza, la violencia y la resolución humana de detenerla, nos indican los polos artísticos y personales de Cecilio Colón Guzmán, que tan elocuentemente articulados quedan en esta exhibición.



Enrique García Gutiérrez

Septiembre 1990

Personaje de mi ecosistema